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jueves, 27 de enero de 2011

Mentes Colmena o la Teoría de los Enjambres

Hace tiempo leí un artículo en National Geographic que me resultó interesantísimo, pero quedó almacenado en algún rincón de mi mente hasta hace poco. Fue en 2007, mientras estudiaba en verano para el eterno castigo de Septiembre (ya no, que soy licenciado). En esencia, trataba el comportamiento de los enjambres, y una incipiente metodología de trabajo, o incluso nueva ciencia, llamada Teoría de Enjambres (Swam Theory).

El artículo explica cómo funciona realmente un enjambre o colonia. Cada individuo sigue reglas sencillas, que cuando son seguidas por todo el grupo, resultan en acciones totalmente optimizadas y en estrategias de supervivencia exitosas. En curioso ver que, a partir de pocas reglas sencillas, surgía un orden o comportamiento superior que resultaba muy elaborado. Por ejemplo, en el caso de los ñus (o como se escriba, que me sale como mal escrito), comentaba el artículo que se podía suponer que seguían básicamente dos:  

1) mantenerse lo más lejos posible del depredador  y 
2) mantenerse a más de unos centímetros de sus compañeros más cercanos. 



Algo tan sencillo resultaba en esos movimientos coordinados de las manadas escapando de leones, que confunden a los depredadores. Recordad que, aunque en los documentales siempre cae algún ñu en zarpas de los leones, la mayoría de las veces (20 o 30% de éxito), las cacerías no tienen éxito, y las piezas cobradas suelen ser animales viejos o enfermos. Es decir, que la estrategia funciona.

Explicaba también que este comportamiento está presente en las hormigas. Reglas sencillas que optimizan el camino a seguir a la comida. Por lo que contaba, parece que a la comida llegan por el camino más rápido a través de sucesivas aproximaciones, hasta conseguir la línea recta. Y la regla básica que usan es: sigue las feromonas lo más rápido y directo que puedas.

Por último, el artículo hablaba de que se están aplicando (en el 2007, o sea que ahora será más común, supongo) estas estrategias para optimizar procesos industriales. No recuerdo bien, pero hablaba de la distribución de combustible en gasolineras. La empresa hacía una simulación sobre los puntos que habían tenido más tráfico, las rutas del día que habían sido más eficaces, etc. Pero no recuerdo bien como era, así que, si podéis, recomiendo leerlo, que a mí me da pereza ahora mismo.

Para acabar, quiero comentar una cosa. Buscando material para recordar todo esto, y darle un poco de alegría al post, encontré algunos blogs que hablaban del asunto. Y me di cuenta de lo fácil que es malinterpretar el asunto. En este blog, aunque la entrada es interesante, me parece que no entendió lo básico del artículo, a saber: los individuos de las colmenas son pequeños autómatas, sin valor individual, sin capacidad de pensar ni de improvisar. 

Así que pretende extrapolar ese comportamiento a los humanos, planteando que así quizá conseguiríamos una sociedad más justa, sin egoísmo o actitudes poco solidarias. Ya contesté en su entrada, pero lo repito aquí: los seres humanos no somos autómatas, no seguimos reglas sencillas. Somos bastante complicados. Además, en la colmena, el individuo no importa, ya que las gacelas no se paran a defender a la que ha sido enganchada por una leona, ni las abejas se preocupan si una avispa se zampa a su compañera. 


No son acciones desinteresadas por la comunidad, ya que no podemos humanizar a estos animales (algo muy común que lleva a bastantes errores y teorías sin sentido). Simplemente, no pueden ni saben actuar de otra manera. Así, tampoco sufren por los compañeros caídos, ni intentan acciones arriesgadas para salvarlos. 

Además, cuando se enfrentan a enemigos con estrategias distintas que nunca han conocido antes, se comportan exactamente igual, con el resultado de que mueren a cascoporro. Y si no, mirad lo que les pasó a las abejas europeas que llevaron a Japón, cuando aparecieron unas avispas gigantes autóctonas: la carnicería hecha fiesta. Son pequeñas máquinas biológicas programadas para actuar de una determinada manera. Por eso, salvo que consideremos a los humanos como máquinas programadas con reglas sencillas, no se puede aplicar.

viernes, 20 de agosto de 2010

Creatividad, Inspiración

Leí ayer un artículo de NEWSWEEK que realmente me inspiró, o me motivó, no sé. Habla sobre la creatividad de América (entendida como EEUU, pero ellos son así). Trata sobre el declive de la creatividad en los estudiantes estadounidenses, motivada por muchas causas, pero entre otras, la obsesión por completar el currículum escolar en cada curso. En vez de preocuparse por desarrollar habilidades en sus alumnos, los profesores están siendo empujados a cubrir todo el temario de cada asignatura, sin tiempo para nada más. Así que los alumnos se convierten en meras enciclopedias (y ni eso). La cuestión es que los mismos profesores se preocupan, y las autoridades escolares facilitan en cierta medida la solución, realizando estudios o usando tests de creatividad (el test de Torrance es el que mejor parece indicar la capacidad creativa de cada uno). En el fondo están muy convencidos de que han llegado a donde están, gracias a su creatividad a la hora de solucionar problemas (tecnológicos, económicos, los que sean), y eso lo valoran bastante.

Pues resulta que han realizado muchos estudios sobre la creatividad, cómo se desarrolla, y cómo se puede mejorar esta capacidad. El artículo es bastante interesante, pero lo que de verdad me hizo escribir esto, es apenas un párrafo, cuando explica como el cerebro busca una solución a un problema. Primero usa el hemisferio derecho para encontrar toda la información posible relacionada, aunque sea mínimamente, con el asunto en cuestión. Luego se pasa la información al hemisferio izquierdo, que busca patrones ocultos, significados alternativos y realiza abstracción de alto nivel sobre esa información. Entonces, el cerebro cambia radicalmente su forma de actuar, y pasa de relaciones vagas e imprecisas entre los datos que contiene, a un pensamiento concentrado y preciso, engranando las diferentes piezas de información, buscando la forma de encajar y solucionar el problema con esas piezas. Es esa facilidad para cambiar de un tipo de proceso al otro lo que convierte a alguien en una persona creativa, porque resulta que si tardas en realizar ese cambio de proceso, pierdes algunas de las relaciones vagas y difusas que has establecido, y por tanto, puede que pierdas buenas ideas. Y ahora viene lo que me encantó, las frases que hicieron que esté escribiendo esto:

In a flash, the brain pulls togethers these disparate shreds of thought (...)into a new single idea that enters consciousness. This is the " aha!"  moment of insight, often followed by a spark of pleasure (...)

Es decir, en un segundo el cerebro junta toda la información, la encaja y forma una idea, la idea, que en ese momento empieza a ser consciente para nosotros. El momento, como dice el artículo, del ¡Ajá!, que suele dejar paso a la chispa de placer que uno siente cuando sabe que ha tenido una gran idea (aunque sea para arreglar el enchufe). Y muchas veces me ha pasado esto, según lo leía, me reconocía en esos momentos difusos, en los que barajas posibilidades, ideas, un pensamiento poco claro, borroso, que te pasa por la cabeza de todo, pero nada de forma clara. Hasta que ¡pas! te das de frente con la idea.

Lo que me ha encantado, además de que en inglés queda estupendo, las cosas como son, es la forma en que describe ese proceso. Algo que nunca me habría sido posible explicar o describir.

Otro día seguro que comentaré lo que me ha hecho pensar el artículo sobre los americanos, quizá el leer una revista de ellos, me ha hecho pensar que algunas de mis ideas preconcebidas no son todo lo correctas que me parecían. Pero eso otro día...

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Colores de las partículas básicas

Para empezar, el título tiene trampa. Dos veces. Cuando hablo de color no me refiero al grado de libertad en el que se basa la cromodinámica cuántica. Y cuando hablo de "partículas básicas" no me refiero con básicas a "fundamentales", sino a las que puede conocer la mayoría de la gente no especializada, a saber: protón, neutrón, electrón y fotón.


" ¿Entonces de qué está hablando este tipo aquí?" Bueno, pues me estoy refiriendo a un asunto del que me dí cuenta el otro día: cuando estoy en clase, o resolviendo un problema y salen a escena protones, electrones, fotones... resulta que en mi imaginación TIENEN COLOR. Esto es un sinsentido porque, para los no iniciados en la física, el color se compone de fotones reflejados en los objetos, y no es una propiedad "intrínseca" de la materia, en el sentido en el que lo son la masa o la densidad. El color es un efecto, o resultado, de la interacción de la luz en la superfície de un objeto. Por eso, hablando de electrones y protones, no tienen color. De hecho, tras impactar un fotón contra alguna de estas partículas, el resultado puede ser la absorción de ese fotón, con lo cual no se refleja nada.

Pero a mi cerebro se la suda. Concretamente mi "coloración" es la siguiente: el electrón es azúl, igual que la corriente eléctrica (para mí, claro); el protón es rojo, que para mí es completamente opuesto al azúl; el neutrón, partícula sosa por no tener carga, así como marginadillo por sus dos compañeretes cargados, tiene por fuerza que ser gris, pero gris apagado; y por último, el fotón, que como todo el mundo sabe es color amarillo sol en tarde de verano, justo aquí detrás de mi casa.

¿Y de dónde me viene a mi esta afición de colorear las partículas de un átomo y los fotones, cuando el tema del color (clásico) no tiene sentido a escalas atómicas? Pues no estoy seguro, aunque sí tengo unos sospechosos. En primer lugar, nuestro cerebro está acostumbrado a pensar clásicamente, no con las reglas de la mecánica cuántica, así que automáticamente le asocia un color a las particulitas. ¿Y cómo eligió los colores? Pues creo recordar vívidamente, un dibujo de un átomo, según el modelo de Rutherford, en el que la parte positiva tenía un vivo color bermellón, y la parte negativa un color azulón eléctrico. En los siguientes capítulos de ese libro de Física y Química de la ESO aparecían los átomos según el modelo de Borh manteniendo esta nomenclatura de colores, y añadiendo un maravilloso fotón amarillo sol en tarde de verano, justo aquí detrás de mi casa cuando se terciaba, y un apagado neutrón color gris apagado, valga la redundancia.

Preguntando a mis compañeros de facultad, salen colores diversos, y según lo indagado hasta ahora, éstos han sido, generalmente, inoculados en los primeros inicios al estudio de la física por los libros usados en el instituto. Lo que sí es denominador común es la seguridad y firmeza con la que todos recitan los colores de cada partícula, sin dudar que los demás piensan igual que ellos. Una de estas "creencias" que nunca se llega a plantear uno seriamente, sino que las da por hecho.

Los colores más comunes que me he encontrado hasta ahora son:

Electrones: azules y verdes, en igual proporción.
Protones: mayormente rojos, aunque alguien los coloreaba azules.
Neutrones: negros, grises o blancos, son los colores preferidos por el respetable.
Fotones: predominan los amarillo atardecer y los blancos, aunque algún alma inconformista los coloreaba de rojo.

La lección que se puede sacar de esto, es que muchas veces damos por hecho cosas que no tienen ningún sentido (como que una partícula subatómica tenga color macroscópico), y no nos planteamos que la gente puede pensar que son distintas. Tampoco se puede sacar mucho más de esta pequeña anécdota, para que nos vamos a engañar, pero es gracioso ver que gente que está acabando físicas, a la hora de manipular mentalmente conceptos físicos, no pueda evitar pensar clásicamente.

Es inevitable: estamos encerrados en un cerebro acostumbrado al mundo macroscópico, y eso va a ser difícil cambiarlo.

Saludos!