Empecemos por el principio. Siempre me he lamentado de no hacer fútbol en césped, de no estar en un equipo. Pero no porque me gustase jugar, todo lo contrario. Sino porque me parecían geniales esas botas con tacos, que te daban un aire de profesionalidad. Nunca he tenido, claro. ¿Para qué? Por eso, aunque os parezca una tontería, me encantó llegar a rugby y que Capi me dijese: "Vete a comprar botas con tacos de aluminio. Serás delantero". Que nadie se confunda: en rugby un delantero no es el que corre y mete goles. Es el que trota cochineramente y mete hostias, que es mucho mejor. Así que necesitaba tacos que se clavasen bien, que agarrasen (y desgarrasen) el suelo. Más feliz que un niño me fui a por mis botas. Al Decathlon, claro, no fuese a ser que no me gustase eso del rugby (¡qué tontería!). Y creo que aquellos fueron los 15 € más rentables que he gastado nunca. He jugado la gran mayoría de partidos en estos 3 años, en un campo tan horroroso como Cantarranas (ver foto para hacerse una idea del patatal del que hablo), me han pisado, he pisado, a veces no podía desatar los cordones por el barro que llenaba las botas, varios cambios de tacos por el desgaste...
| Y ese día no estaba tan mal el campo |
Pero claro, este año tuvieron una... y eso fue suficiente para que "explotasen". Aún jugaron un último partido, en el que volvimos a ganar y en el que estuve fino, repartiendo con alegría y pisando sin miramientos. Mira tú, aún pisaron un poquito antes de jubilarse. Así que esta entrada es un homenaje a estos trozos de cuero con aluminio (ahora no llegan a botas, me temo). La mejor compra en toda mi vida... al menos de momento.
| No podemos decir que se esmeren en cuidar el campo |